jueves, 25 de junio de 2009

La Perla varada

Año de nuestro señor 2009

La Perla Negra a 23 de junio…

Llevo varios meses a la deriva, nadie gobierna mi nave. Mi tripulación quedó lejos de aquí. Volví a enrolarme en el barco de mis necesidades más primarias, la búsqueda incansable de la felicidad de mi familia. Anoche todas mis enmohecidas ganas de seguir adelante encallaron en los arrecifes de la bajeza más insultante.

Sentado en el cada vez más pequeño camarote bajo el puente de este montón de madera correosa y descolorida escribo la crónica del que probablemente sea mi último viaje. La sal ha oxidado mi sonrisa, el agua encharcó mis pulmones y mi corazón está lleno de carcoma. Únicamente el ron es capaz de diluir mi ansiedad, ron que guardo en la rancia despensa y de la cual hoy saqué la última botella.

Mirando por la claraboya observo como el viento agita el velamen negro, roído y echo girones gracias al sol, en una danza fantasmagórica que parece echar de menos la bandera bucanera que abrazaba el asta hoy desnudo y quebrado por la postrera tormenta que sufrió mi embarcación.

Hoy más que nunca necesito sentir el aire en mi rostro, la caricia de la infancia y el abrazo de las melodías antiguas, pero los quebrantos del casco desgarrado por mi incapacidad de virar a estribor y los finos corales, me sacan del trance. Noto como las olas golpean fuertemente contra el cuerpo magullado de mi Perla, mientras se desangra, mezclando su brea con el agua, que se empeña en hundirla sin darle tregua.

Durante este éxodo forzoso me he encontrado con buenos marineros, que sin saberlo han cogido el timón de mi vida y la han hecho más soportable. Pero la oscuridad que ilumina mis ilusiones ha sido demasiado espesa para poder licuar toda la desidia que fluye por mi riego sanguíneo. No he sido capaz de achicar toda la tristeza que inunda las bodegas de mi optimismo.

Navegué los últimos días bajo la línea de flotación, lo que sin duda anunciaba el final de mí travesía. Hoy, aquí sentado, con la única compañía de las húmedas páginas de mi cuaderno de bitácora, el cual narra aventuras de otros tiempos, sigo garabateando con las pocas fuerzas que me quedan el final de este pirata.


Cp. Jack Sparrow